Hipólito Feliz, preso diez años y cristiano evangélico, afirma que ahora habla sin gritar porque ya no compite con ruido constante.
En la Penitenciaría Nacional de La Victoria vivía entre violencia, drogas y falta de camas, describiendo ese ambiente como una bomba de tiempo.
El que no tenía cama estaba tres veces preso: último en acostarse, primero en levantarse y obligado a dormir en el piso.
Hoy, en el Centro de Corrección Las Parras, Hipólito resume el cambio con frase repetida: “Esto es del cielo a la tierra”.
La cárcel La Victoria dejará de recibir presos, mientras otros 300 reos fueron trasladados recientemente al nuevo recinto Las Parras.
Aunque visitas resultan más difíciles por distancia, Hipólito destaca tranquilidad, higiene y orden como principales beneficios del nuevo centro penitenciario.
En Las Parras afirma tener cama, comida, agua y ambiente seguro, donde por primera vez no siente que su vida corre peligro.
