Pakistán y los talibanes han pasado de ser aliados históricos a mantener una guerra abierta tras el fracaso de los acuerdos de seguridad.
La ruptura definitiva responde a la negativa de Kabul de neutralizar a los insurgentes que atacan territorio pakistaní desde sus refugios en suelo afgano.
El núcleo del conflicto es el grupo armado conocido como los talibanes pakistaníes cuya violencia aumentó considerablemente desde la toma del poder en 2021.
Pakistán ejecutó bombardeos aéreos directos contra campamentos insurgentes provocando una respuesta militar inmediata por parte del ejército talibán con armamento pesado estadounidense.
La expulsión forzosa de un millón de refugiados afganos agravó la crisis diplomática y encendió un fuerte fervor nacionalista en la región fronteriza.
Actualmente los combatientes de Kabul utilizan maquinaria pesada para destruir la valla de seguridad impuesta históricamente por los británicos en la Línea Durand.
La escalada militar amenaza con desestabilizar Asia Central debido a que Pakistán es una potencia nuclear y los talibanes poseen un vasto arsenal moderno.
