jueves, abril 2

Las organizaciones de Grandes Ligas están firmando extensiones de contrato cada vez más agresivas con prospectos que aún no debutan o apenas acumulan experiencia profesional. La estrategia, impulsada por proyecciones tecnológicas y el alza del arbitraje salarial, promete ahorros que podrían superar los 50 millones de dólares en la próxima década.

Los equipos de la MLB han intensificado la tendencia de asegurar a sus mejores prospectos antes de que disputen un solo partido en las Grandes Ligas. La estrategia, que tomó fuerza desde 2014, busca blindar talento joven a largo plazo y evitar los costos inflados del proceso de arbitraje, que continúa escalando año tras año.

Franquicias como los Padres o los Azulejos ya vivieron el impacto financiero de manejar superestrellas como Juan Soto o Vladimir Guerrero Jr., cuyos valores se dispararon durante sus primeros años productivos. Ese precedente ha llevado a las organizaciones a apostar por jugadores que aún no pisan un terreno de MLB, pero que los departamentos de análisis proyectan como futuras figuras.

Los clubes se apoyan en sistemas avanzados de datos, modelos predictivos y decenas de reportes de scouts para identificar a peloteros con potencial de impacto inmediato. Según estimaciones internas, firmar una extensión temprana puede representar un ahorro de 20 a 50 millones de dólares cuando esos contratos expiren a inicios de la próxima década.

Sin embargo, no todas las apuestas han resultado. El caso de Eloy Jiménez, afectado por lesiones recurrentes, demuestra que el riesgo existe y que la salud puede alterar cualquier proyección.

Ricos antes del debut

La tendencia volvió a quedar en evidencia esta semana.

El lunes, los Cerveceros de Milwaukee garantizaron 50 millones de dólares por ocho temporadas al torpedero Cooper Pratt, un talento de 21 años que apenas debutó en Triple A.

Un día después, los Marineros de Seattle rompieron el récord para jugadores sin experiencia en MLB al asegurar 95 millones por ocho años al infielder Colt Emerson, de solo 20 años y también en Triple A.

Ambos movimientos refuerzan la estrategia que domina el mercado: asegurar talento joven antes de que su valor explote.

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