«Pepillo Salcedo esperó décadas. Ahora somos el centro energético del país»: voces de la frontera
En Pepillo Salcedo el horizonte siempre fue la sal y el manglar junto a la triste certeza de emigrar para poder progresar económicamente.
Hoy en este mismo rincón de la frontera existen hombres y mujeres que operan turbinas de gas y leen complejos esquemas eléctricos con profesionalidad.
La historia económica de Montecristi marcada por desarrollo postergado y infraestructura mínima que obligaba a los jóvenes a marcharse siempre.
«Pepillo Salcedo esperó décadas. Ahora somos el centro energético del país»: voces de la frontera
Antes de la llegada del proyecto energético las opciones laborales eran limitadas a la pesca artesanal o la agricultura de subsistencia con informalidad.

Manzanillo Power Land cambió la naturaleza de las preguntas que los jóvenes se hacían pasando de la emigración geográfica hacia la especialización técnica actual.
Cuatro trabajadores directos del proyecto formados en la propia zona comparten sus testimonios sobre cómo esta planta de generación transformó sus vidas para siempre.
Un mecánico que arreglaba camionetas ahora forma parte del equipo de mantenimiento de turbomaquinaria con responsabilidades sobre sistemas de lubricación y revisiones muy periódicas.
Una joven que trabajaba en una tienda de ropa hoy es operadora de sala de control monitoreando parámetros y reportando anomalías con gran precisión.
Un electricista que antes debía viajar semanalmente a Santiago ahora trabaja cerca de su familia tras certificarse en sistemas de alta tensión industrial.
Un ayudante que entró sin experiencia con veintidós años hoy supervisa a cinco personas demostrando el cauce de oportunidades que el proyecto generó.
La inauguración oficial de la central en marzo de dos mil veintiséis registró entre mil quinientos y cinco mil setecientos empleos directos para dominicanos.
Pepillo Salcedo dejó de ser un pueblo invisible para convertirse en el centro energético del país con un futuro visible para sus habitantes locales.
Los trabajadores formados durante el proyecto adquirieron competencias certificadas que amplían sus oportunidades laborales más allá de esta planta específica en la región.
El impacto económico dinamizó el consumo de bienes y servicios locales creando una base de técnicos cualificados que antes no existía en Montecristi.
Esta transformación profunda en la mentalidad de la fuerza laboral local asegura que el progreso de la provincia sea una realidad constante y duradera.
