A finales de dos mil veinticinco la tasa activa de la banca múltiple descendió al trece punto dos por ciento anual según el Banco Central.
Este comportamiento reflejaba con claridad una reducción en el costo del crédito hacia el cierre de ese año para beneficio de los usuarios.
Sin embargo en marzo de dos mil veintiséis la tendencia cambió ubicándose la tasa activa en trece punto veintiocho por ciento con un giro leve.
Por su parte la tasa pasiva ascendió al seis punto veintiocho por ciento insinuando un cambio en las corrientes subyacentes del sistema financiero dominicano.
Los datos sugieren que tanto el Banco Central como el Ministerio de Hacienda han retirado liquidez del sistema mediante diversas colocaciones de deuda pública.
Hacienda absorbió cerca de cien mil millones de pesos en apenas un mes mientras el Banco Central colocó diez mil millones en notas financieras.
Esta sincronía táctica entre ambas instituciones responde a un entorno global que exige mayor cautela frente a posibles riesgos económicos y presiones inflacionarias.
A inicios de año la prioridad era dinamizar la economía pero el actual escenario internacional se ha tornado más áspero por conflictos externos.
La guerra en el Medio Oriente genera incertidumbre y presiones sobre los precios de la energía empujando la inflación por encima del cauce objetivo.
La brújula de la política económica se reorienta hoy para contener y preservar la estabilidad macroeconómica mediante el endurecimiento de las condiciones monetarias actuales.
Todo apunta a una estrategia coherente donde ambas manos del Estado restringen el flujo monetario en defensa de la estabilidad económica del país.
