La reciente decisión judicial que ordenó la suspensión de los trabajos de exploración minera en la Cordillera Septentrional fue celebrada por organizaciones ambientales, comunitarios y cientos de ciudadanos que durante meses levantaron su voz para defender uno de los principales pulmones ecológicos de la región Norte.
Sin embargo, surge una pregunta legítima que hoy se hacen miles de dominicanos: si el objetivo principal era detener la actividad minera y ya existe un fallo favorable, ¿por qué las protestas continúan?
El Movimiento Unidos Somos Más, junto a 31 organizaciones ambientales, ha convocado una nueva marcha para este domingo 21 de junio en La Javilla, Puerto Plata, insistiendo en la defensa de la cordillera.
La movilización es un derecho constitucional y nadie puede cuestionar la lucha ciudadana por la protección del medio ambiente. Gracias a la presión social y a los recursos legales interpuestos, se logró una victoria importante que envía un mensaje claro: el desarrollo no puede construirse sobre la destrucción de los recursos naturales.
Pero una cosa es rechazar la minería en zonas ambientalmente sensibles y otra muy distinta es oponerse a proyectos de infraestructura estratégicos para el desarrollo nacional.
Ahí es donde el debate debe elevarse.
La carretera del Ámbar no es un proyecto minero. No busca extraer recursos ni alterar irreversiblemente el ecosistema. Se trata de una obra vial largamente anhelada por Santiago y Puerto Plata, dos provincias hermanas que históricamente han impulsado juntas el desarrollo económico y turístico del norte del país.
Santiago, motor industrial, comercial, cultural, religioso y de turismo de salud, necesita una conexión más rápida y eficiente con Puerto Plata, uno de los destinos turísticos más importantes de la República Dominicana.
Puerto Plata aporta las playas, los cruceros y la oferta hotelera; Santiago aporta el dinamismo empresarial, los servicios médicos, la conectividad aérea y el turismo de negocios.
Ambas provincias se complementan.
La carretera del Ámbar reduciría significativamente el tiempo de desplazamiento, fortalecería el intercambio comercial y potenciaría un modelo de desarrollo regional más integrado y competitivo.
Su importancia cobra aún mayor relevancia ante el desarrollo de Punta Bergantín, en Montellano, un proyecto llamado a convertirse en uno de los polos turísticos más importantes del Caribe en los próximos años.
Pretender impulsar un megaproyecto turístico sin mejorar la conectividad terrestre sería una contradicción.
Es cierto que actualmente existen dos vías que conectan Santiago y Puerto Plata: la autopista Duarte, a través de Navarrete, y la carretera turística Gregorio Luperón.
Sin embargo, ambas presentan limitaciones operativas, altos niveles de congestionamiento en determinados horarios y mayores tiempos de recorrido.
La carretera del Ámbar no sustituye esas opciones; las complementa.
Y todo proyecto moderno debe incorporar estudios de impacto ambiental rigurosos, mecanismos de mitigación y supervisión permanente para garantizar que el desarrollo y la conservación puedan coexistir.
La defensa del medio ambiente no puede convertirse en un rechazo automático a toda iniciativa de progreso.
El verdadero desafío consiste en encontrar el equilibrio.
La protección de la Cordillera Septentrional es irrenunciable, pero también lo es el derecho de las comunidades a contar con infraestructuras que impulsen el empleo, la inversión y las oportunidades.
Por eso, desde este espacio hacemos un llamado respetuoso a los organizadores de estas movilizaciones, encabezados por el padre Ramón Nino Ramos, para que distingan entre los proyectos que representan una amenaza real para los recursos naturales y aquellos que, ejecutados con responsabilidad, pueden convertirse en motores de desarrollo sostenible.
La República Dominicana necesita más diálogo y menos confrontación.
No se trata de escoger entre naturaleza o progreso.
Se trata de demostrar que ambos pueden avanzar de la mano.
Porque proteger la cordillera es una obligación de todos, pero cerrar las puertas a una obra estratégica como la carretera del Ámbar sería condenar al Cibao y a la costa Norte a seguir desconectados de una oportunidad histórica de crecimiento.
