domingo, junio 28

El crédito informal crece en barrios y comunidades, impulsado por la urgencia económica y la falta de acceso al sistema financiero formal.

Una solución inmediata que se convierte en un problema permanente

Cada noche, en sectores populares del país, la escena se repite: personas que necesitan dinero urgente caminan hacia “el prestamista de la esquina”. En minutos reciben efectivo sin papeleo, sin historial crediticio y sin preguntas incómodas. Pero desde ese mismo instante, la deuda empieza a crecer y, con ella, la presión emocional y económica.

Economistas advierten que este fenómeno no surge por desconocimiento financiero, sino por las barreras que impone la banca formal, que exige demostrar ingresos, presentar documentos y tener historial crediticio. Para quienes viven del día a día, esa puerta está prácticamente cerrada.

El 65 % de los dominicanos recurre al crédito informal

Un dato alarmante: el 65 % de los dominicanos utiliza préstamos informales para cubrir necesidades básicas, según el sociólogo Cándido Mercedes. Esto revela un problema estructural: los salarios no alcanzan y la informalidad laboral deja a millones sin acceso a financiamiento formal.

Mercedes explica que, aunque el país tiene más de 5.2 millones de empleos, muchos son precarios, sin seguridad social ni estabilidad. Esa vulnerabilidad empuja a las personas a endeudarse de manera constante, afectando su bienestar emocional y su salud mental.

Usura, acoso y violencia: el costo social oculto

La Fundación Dominicana de Desarrollo (FDD) advierte que la usura está profundamente arraigada en los microcréditos informales y genera un costo social que va más allá del dinero. Cuando las personas no pueden pagar, enfrentan presión psicológica, acoso y, en casos extremos, violencia.

Directivos de la FDD han documentado situaciones donde familias quedan atrapadas en una “bola de nieve” de deudas que afecta su estabilidad emocional y hasta su seguridad. En algunos casos, la desesperación lleva a decisiones extremas.

Un sistema paralelo que crece sin regulación

Aunque los préstamos informales parecen improvisados, muchos prestamistas han creado estructuras organizadas, con reglas, cronogramas de pago y mecanismos de cobro que operan fuera de cualquier regulación estatal. Este sistema paralelo se alimenta de la rapidez: “Tú vas a buscar un dinero y de una vez te lo dan”, explica el economista Juan del Rosario.

¿Por qué la gente sigue recurriendo a ellos?

  • Rapidez: dinero en minutos, sin requisitos.
  • Accesibilidad: prestan a personas sin empleo formal o con deudas previas.
  • Flexibilidad aparente: acuerdos verbales y pagos diarios o semanales.
  • Desesperación económica: ingresos insuficientes y gastos urgentes.

Pero esa facilidad tiene un precio: intereses abusivos, presión constante y riesgo de caer en ciclos de deuda interminables.

Expertos piden una reforma profunda

Economistas, sociólogos y entidades de microfinanzas coinciden en que el país necesita:

  • mayor inclusión financiera,
  • salarios dignos,
  • regulación efectiva contra la usura,
  • programas de educación financiera accesibles,
  • y modelos de microcrédito responsable.

La FDD insiste en que la solución no es solo prestar dinero, sino acompañar al cliente, enseñarle a organizarse y evitar que comprometa su estabilidad familiar.

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