Rusia admitió públicamente que enfrenta una crisis de combustible sin precedentes provocada por los constantes ataques ucranianos contra refinerías y depósitos de petróleo. La declaración, realizada por el viceprimer ministro Alexander Novak, marca uno de los reconocimientos más claros del impacto que la ofensiva con drones está teniendo sobre la infraestructura energética del país.
Refinerías dañadas y cierres por reparaciones urgentes
En las últimas semanas, múltiples refinerías rusas quedaron fuera de servicio tras sufrir ataques con drones ucranianos. Estas instalaciones, esenciales para el procesamiento de gasolina y diésel, han tenido que cerrar temporalmente para reparaciones, reduciendo la capacidad nacional y afectando directamente la distribución. Novak explicó que esta situación ha generado filas de vehículos en las gasolineras, operaciones irregulares y un mercado interno bajo presión.
Escasez en varias regiones y prohibición de exportaciones
Para contener la crisis, el Gobierno ruso decidió suspender temporalmente las exportaciones de gasolina y diésel, priorizando el abastecimiento interno. La medida busca evitar que la escasez se profundice y garantizar suministros adicionales en las regiones más afectadas. A pesar de las restricciones, las autoridades insisten en que Rusia cuenta con infraestructura suficiente para procesar combustibles, aunque reconocen que la prioridad actual es estabilizar el mercado doméstico.
Ataques ucranianos golpean infraestructura clave
Los ataques con drones han impactado refinerías y depósitos de combustible en regiones como Krasnodar, Rostov y Azov, provocando incendios y daños en instalaciones petroleras estratégicas. En algunos casos, los fragmentos de drones han caído en zonas residenciales y edificios administrativos, aunque sin víctimas reportadas. Estos ataques forman parte de una ofensiva sostenida de Ucrania contra la infraestructura energética rusa, que ha dejado al país con limitaciones severas en el suministro de gasolina y diésel.
Un desafío creciente para Moscú
La crisis energética se suma a las presiones económicas y logísticas que enfrenta Rusia en medio del conflicto. Con refinerías dañadas, exportaciones suspendidas y una demanda interna en aumento, el Gobierno intenta contener el impacto mientras refuerza la protección de sus instalaciones petroleras.
