martes, abril 28

Una reciente investigación sobre el costo de la vida en la «Ciudad Corazón» revela una realidad alarmante: la brecha entre los salarios actuales y el costo de los productos de primera necesidad ha empujado a miles de familias santiagueras a una situación de inseguridad alimentaria, obligándolas a sacrificar nutrición por supervivencia.

El costo de «comer» en Santiago

A pesar de que Santiago se mantiene como el motor industrial del Cibao, el costo de la canasta básica para el quintil más pobre se ha situado este mes entre los RD$27,500 y RD$29,000. Mientras tanto, el salario mínimo promedio en la región (que oscila entre RD$14,500 y RD$24,000) resulta insuficiente, cubriendo apenas poco más de la mitad de los gastos alimentarios básicos de una familia de cuatro personas.

Investigación de campo: Mercados vs. Supermercados

Un levantamiento de precios realizado en los principales centros de acopio, como el Hospedaje Yaque y el Mercado de Pekín, muestra una disparidad que golpea directamente el bolsillo del obrero:

Arroz (Libra): Se despacha hasta a RD$40 en mercados, pero alcanza los RD$52 en góndolas de supermercados.

Pollo (Libra): La proteína principal del santiaguero se cotiza entre RD$82 y RD$95, un precio «crítico» para quienes ganan el sueldo base.

Plátanos (Unidad): Debido a la logística y factores estacionales, el rubro ha llegado a costar hasta RD$35 en establecimientos urbanos.

Impacto en los sectores vulnerables

En comunidades como Cienfuegos, La Joya y Los Salados, la investigación detectó un incremento en el «endeudamiento de colmado» (el fiao) y un cambio drástico en la dieta. Las familias están sustituyendo la carne por huevos o embutidos de bajo valor nutricional para poder costear el aumento en el transporte público, afectado por los desvíos de las obras del Monorriel.

«En Santiago no se está viviendo, se está sobreviviendo. Un obrero de zona franca termina el mes con un déficit de casi RD$8,000 solo en comida», destaca el informe, subrayando que la inflación local en productos como el aceite y los víveres supera la capacidad de ahorro del ciudadano común.

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