martes, abril 21

Honorables miembros de esta Cámara,
Estimados representantes del pueblo de Pensilvania,
Querida comunidad venezolana y amigos presentes:

Me presento hoy ante ustedes con profunda gratitud y un inmenso orgullo. Esto es para conmemorar el Día de Venezuela, una fecha que nos une más allá de las fronteras, la lengua o la historia. Celebra el coraje, la cultura y el espíritu inquebrantable del pueblo venezolano.

Un día como hoy, recordamos el grito de independencia que resonó en las montañas y los llanos de Venezuela. Fue el 5 de julio de 1811, cuando un grupo de hombres y mujeres valientes decidió soñar con una nación libre, soberana y justa. Ese sueño sigue vivo. Y no solo en tierras venezolanas, sino también aquí, en el corazón de Pensilvania. En este lugar, miles de venezolanos han encontrado un nuevo hogar y continúan aportando con su trabajo, su talento y su resiliencia.

Hoy celebramos no solo la independencia, sino también la esperanza. La esperanza de que la democracia, la justicia y la dignidad sean restauradas plenamente en Venezuela. La esperanza de que las futuras generaciones crezcan con libertad y oportunidades.

La comunidad venezolana en Pensilvania es un testimonio vivo del poder de la diáspora: profesionales, emprendedores, trabajadores, artistas, estudiantes… todos contribuyendo a esta gran nación americana, sin olvidar sus raíces.

Gracias, representantes de esta Cámara, por reconocer esta fecha tan significativa. Gracias por dar espacio a la voz y la historia de Venezuela.

Termino con un mensaje de unidad. Que este día sirva como puente entre pueblos, como recordatorio de que la libertad no es un privilegio. En cambio, es un derecho por el que debemos seguir luchando juntos.

¡Que viva Venezuela!
¡Que viva Pensilvania!
Y que vivan los lazos que nos unen como pueblos hermanos!

Muchas gracias.

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