El Papa denuncia la indiferencia ante la tragedia migratoria en Canarias
El papa León XIV visitó este jueves el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, uno de los puntos más críticos de llegada de migrantes a Europa. Durante su discurso, el Pontífice advirtió que Europa “no puede acostumbrarse” a que el Atlántico y el Mediterráneo se conviertan en “cementerios sin lápidas”, en referencia a las miles de personas que han muerto intentando alcanzar las costas españolas.
El Papa se reunió con migrantes, voluntarios, personal de Salvamento Marítimo y organizaciones que trabajan en primera línea. Allí recordó que quienes llegan “despojados de casi todo, nunca pierden su dignidad” y pidió a los europeos abandonar la postura de “espectadores” ante el sufrimiento humano.
Un mensaje directo a Europa: responsabilidad compartida
“La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas”
León XIV subrayó que la Iglesia tiene la obligación moral de estar presente donde la vida humana está amenazada. Señaló que en lugares como Arguineguín o El Hierro se vive “una fuerza literal y dolorosa” del Evangelio, donde cada rescate recuerda que “la dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera”.
El Papa denunció la existencia de “monstruos que acechan estos mares”, en referencia a las mafias que trafican con personas, los tratantes que explotan a mujeres y niños y la indiferencia social que permite que los más vulnerables sean “tragados por la explotación o por el olvido”.
Reconocimiento a quienes salvan vidas en el Atlántico
Salvamento Marítimo y voluntarios, en primera línea
Durante el encuentro, León XIV agradeció el trabajo de los equipos de rescate y de las organizaciones humanitarias que acompañan a los migrantes desde su llegada. Destacó que la misericordia “comienza con gestos pequeños”, desde ofrecer alimento y abrigo hasta sostener la mano de quienes llegan exhaustos tras cruzar una de las rutas marítimas más peligrosas del mundo.
Un viaje histórico a Canarias
La visita a Arguineguín forma parte del viaje apostólico de León XIV a España, convirtiéndose en el primer Papa en visitar las Islas Canarias. Tras el encuentro en el muelle, el Pontífice se trasladó a la catedral de Gran Canaria, donde agradeció al pueblo canario su “generosa labor de caridad y misericordia” y recibió la Llave de Oro de la Ciudad.
