sábado, mayo 23

El mapa de la mortalidad en el país durante el año pasado revela contrastes demográficos muy importantes que llaman la atención de especialistas.

Mientras algunas provincias registran cifras muy elevadas de defunciones anuales otras muestran tasas de mortalidad sorprendentemente bajas en los diferentes reportes estadísticos.

La provincia Hermanas Mirabal encabeza la lista oficial tras registrar un promedio de siete punto treinta muertes por cada mil habitantes de la zona.

La demarcación norteña es seguida muy de cerca por la provincia de San José de Ocoa con una tasa registrada de siete punto veinticuatro.

En esa misma línea de datos estadísticos se ubican las provincias de Santiago Rodríguez con seis punto veinticinco y Monseñor Nouel con seis.

En el extremo opuesto el Distrito Nacional presenta la tasa más baja del territorio con apenas dos punto cero tres defunciones por mil.

La provincia de Santo Domingo registró dos punto veintisiete mientras que la fronteriza demarcación de Pedernales se situó en dos punto noventa y uno.

Este comportamiento estadístico refleja marcadas diferencias en la estructura demográfica interna y en las condiciones generales de salud entre las regiones dominicanas.

Las provincias con mayor tasa suelen tener poblaciones totales mucho más pequeñas y con un alto índice de envejecimiento entre sus ciudadanos locales.

Por el contrario las demarcaciones con menor tasa de mortalidad concentran los grandes centros urbanos con dinámicas demográficas y de crecimiento totalmente distintas.

El nuevo Anuario de Estadísticas Vitales de la Oficina Nacional de Estadística advierte una importante limitación técnica sobre los datos recolectados por provincia.

La institución estatal señala que un trece punto cuarenta y cinco por ciento de las defunciones no cuenta con información de residencia.

Esta falta de datos específicos sobre el lugar de origen de los fallecidos limita la precisión exacta de los indicadores territoriales presentados.

Aun así el patrón observado confirma la consistencia de las variaciones territoriales en la mortalidad de la población de la República Dominicana.

Los datos finales ofrecen insumos muy valiosos y claves para el diseño oportuno de las políticas de salud pública en el territorio nacional.

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