“Nadie aprende en cabeza ajena”. Dice el refrán. Es cierto. Pero, lo que sucede al vecino, debe servir para tomar previsiones. Con el terremoto de Haití en el 2010, se comenzaron a tomar medidas EN LOS MEDIOS, para garantizar construcciones más sólidas. En la práctica todo siguió igual y…”siempre que pasa igual, sucede lo mismo”. Las exigencias y restricciones en las construcciones son muy frágiles. Hace falta una política de ESTADO más exigente. Un accionar más eficiente de quienes tienen el compromiso de supervisar las construcciones en el país. Por lo sucedido hace dos semanas en Venezuela, muchos han enfilado sus cañones contra el fenecido presidente Hugo Chávez. Lo acusan de entregar viviendas construidas con deficiencia. Ciertamente lo que se observa es que el material utilizado en muchos edificios no fue de calidad y estoy seguro que para Chávez se estaba entregando una obra de calidad. Esa deficiencia dejo la estrepitosa caída de decenas de edificios.
Conociendo las MAFIAS existentes en nuestro país no dudamos que muchas obras, públicas y privadas, carezcan de la calidad y fortaleza requerida. Mucho se ha hablado los fraudes en construcciones locales. Ingenieros y constructores que llevan planos EXCELENTES a Obras Publicas y los cabildos, pero al final, los “supervisores” en componenda con los propietarios de obras reducen el varillaje, la cantidad de cemento, el tipo de arena y grava, bajando totalmente a calidad de la obra. Al final se obtiene una construcción deficitaria. Las quejas de adquirientes de apartamentos sobre las fallas encontradas sobreabundan. Las imágenes de cómo cedían algunas columnas de la línea 2 del metro, a un simple golpe con un martillo, circularon profusamente. No basta un mensaje contundente del presidente garantizando construcciones sólidas, hace falta una POLÍTICA real y una supervisión efectiva. Lo sucedido en Venezuela debe poner “nuestras barbas en remojo”. No solo es revisar A FONDO las construcciones actuales, sino consolidar las previsiones hacia las obras del futuro.
