La impuntualidad: un vicio político que erosiona la autoridad
En la República Dominicana, la impuntualidad se ha convertido, lamentablemente, en una marca registrada de buena parte de la clase política, no se trata de un hecho aislado ni de una simple falta de cortesía:
Es un comportamiento sistemático que transmite desorganización, irrespeto y una peligrosa normalización del desorden institucional.
Durante años, la impuntualidad ha sido tolerada —y hasta justificada— como parte del “estilo” de algunos líderes.
Sin embargo, pocas prácticas dañan tanto la credibilidad del poder como hacer esperar a ciudadanos, empresarios, líderes comunitarios, periodistas y funcionarios, sin explicación ni consecuencias.
Las excepciones que confirman la regla
La historia reciente ofrece ejemplos que desmontan la idea de que la impuntualidad es inevitable en el ejercicio del poder.
Hipólito Mejía, durante su gestión presidencial, se caracterizó por la puntualidad en sus compromisos oficiales.
Lo mismo ocurrió con el expresidente Danilo Medina, quien no solo llegaba a tiempo, sino que en múltiples ocasiones se adelantaba a la hora pautada, incluso en jornadas extensas de inauguraciones.
En el ámbito local y legislativo, figuras como Rosa Santos, Andrés Cueto y el senador Daniel Rivera mantienen una cultura de respeto al tiempo ajeno, llegando temprano —sobre todo— a las actividades oficiales, son ejemplos claros de que la puntualidad no es una utopía política, sino una decisión personal y de gestión.
Leonel Fernández: el símbolo histórico de la tardanza
En contraste, el expresidente Leonel Fernández se convirtió durante años en el ícono de la impuntualidad política, actividades retrasadas una,
Dos y hasta más horas formaron parte de una práctica que terminó siendo asumida como normal, cuando en realidad representaba un profundo irrespeto institucional.
Esa herencia cultural parece haberse enquistado en la política dominicana y hoy encuentra una nueva expresión en el ámbito municipal.
Ulises Rodríguez aún está a tiempo de corregir, la afabilidad no debe estar reñida con la disciplina.
Ulises Rodríguez y la impuntualidad que ya es tema en Santiago
En Santiago de los Caballeros, la impuntualidad del alcalde Ulises Rodríguez ha pasado de ser una anécdota a convertirse en tema recurrente de conversación pública, no es un señalamiento aislado ni malintencionado:
Es una percepción generalizada entre actores sociales, comunitarios y de la prensa.
Ulises Rodríguez es, sin duda, una persona afable, cercana y con disposición a escuchar, pero justamente ahí radica el problema, en su afán por atender a todos,
Se extiende más de lo prudente en cada compromiso, provocando retrasos en cadena que lo obligan a llegar siempre apurado a las actividades siguientes.
La escena se repite: llegada tardía, un amplio séquito —seguridad, asistentes, fotógrafos, camarógrafos y periodistas— que en ocasiones supera las veinte personas,
Y un movimiento abrupto que hace aún más evidente la impuntualidad, no solo llega tarde el alcalde: llega tarde el Ayuntamiento como institución.
El tiempo no es un recurso menor, en la gestión pública, la puntualidad es una señal de liderazgo, planificación y respeto, cuando un funcionario llega tarde de forma reiterada,
No solo afecta su imagen personal, sino que envía un mensaje claro: el tiempo de los demás vale menos que el suyo.
En una ciudad como Santiago, que aspira a consolidarse como eje de desarrollo, inversión y modernidad, este tipo de prácticas resulta contradictorio y dañino.
¿Y el presidente Abinader? Una aclaración necesaria
En el caso del presidente Luis Abinader, es importante hacer una distinción, aunque algunos sectores perciben impuntualidad en actividades públicas, lo cierto es que muchas veces existe una doble agenda: una hora comunicada al público y otra en la agenda presidencial privada
Generalmente ajustada por razones de seguridad. Esta práctica, más técnica que personal, no se observaba con la misma 1frecuencia en gobiernos anteriores, pero no responde necesariamente a una cultura de impuntualidad.
Una llamada de atención necesaria
La impuntualidad no puede seguir siendo normalizada en la política dominicana, mucho menos en la gestión municipal, donde la cercanía con la gente debería traducirse en mayor respeto, no en más excusas.
Ulises Rodríguez aún está a tiempo de corregir. La afabilidad no debe estar reñida con la disciplina. Escuchar a la gente es una virtud, pero organizar el tiempo es una obligación.

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