sábado, marzo 14

Una tendencia viral en el mundo del bienestar analiza actualmente si es más saludable beber agua caliente o fría para mejorar la salud general.

Diversas investigaciones muestran que la temperatura de los líquidos puede tener un efecto medible en la ansiedad y en las posibles molestias gastrointestinales hoy.

Beber agua fría aumenta el gasto calórico de forma mínima porque el cuerpo necesita calentarla pero no es un factor determinante para perder peso.

Los especialistas recomiendan centrarse más en la cantidad total de agua ingerida diariamente que en la temperatura específica para lograr objetivos de adelgazamiento.

Para quienes practican ejercicio intenso se recomienda beber agua fresca a dieciséis grados para hidratarse eficientemente sin provocar sudoración excesiva ni molestias físicas.

El consumo de agua caliente puede acelerar el vaciamiento gástrico favoreciendo la digestión y reduciendo los niveles de cortisol producidos por el estrés diario.

Los expertos advierten que las bebidas muy frías podrían desencadenar migrañas o dificultades en personas con trastornos de deglución o sensibilidad en los nervios.

La mejor temperatura es aquella que anime a las personas a hidratarse con regularidad cumpliendo con los ocho vasos diarios recomendados por la ciencia.

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