El cerebro de la mujer experimenta durante la maternidad cambios estructurales mucho más pronunciados y dinámicos que los ocurridos durante toda la etapa adolescente.
La neurocientífica Susana Carmona explicó que la gestación produce reducciones en la sustancia gris que persisten por varios años después de haber dado luz.
Los estudios demuestran que el enorme flujo hormonal modifica el funcionamiento cerebral para permitir que la madre se vincule mejor con su nuevo bebé.
Físicamente una mujer no vuelve a ser la misma tras el parto porque su cerebro se adapta para priorizar el cuidado del recién nacido.
Cuanto más cambia la anatomía cerebral durante el embarazo mejor es la conexión emocional y el vínculo afectivo que se establece con el infante.
La experta apuesta por visibilizar estos cambios físicos para que la sociedad otorgue a la maternidad el valor y cuidado que realmente este proceso merece.
Carmona advierte que la atención sanitaria debe incluir el seguimiento mental de la madre debido al riesgo enorme de padecer una fuerte depresión posparto.
Validar científicamente estos procesos permite que las mujeres se sientan más acompañadas y comprendidas durante esta transformación física y emocional tan profunda hoy.
