El transporte en la República Dominicana representa el gasto más alto de la región impactando severamente la canasta básica de todas las familias
De cada cien pesos que un dominicano destina a su canasta básica casi diecisiete son gastados en transporte actualmente según los últimos datos oficiales.
Esta es la proporción más alta de toda la región situándose por encima de Panamá y Honduras y casi el doble que en Nicaragua hoy.
La respuesta al alto costo no está en la geografía ni en el petróleo sino en la estructura cerrada del sector transporte del país.
El transporte público opera bajo un esquema donde el Estado fija tarifas y los llamados sindicatos controlan todas las rutas sin competencia real alguna.
El resultado es un mercado sin incentivos para mejorar el servicio con precios que responden al acuerdo político y no a la eficiencia operativa.
A esto se suma una carga impositiva sobre vehículos y combustibles que encarece tanto el transporte privado como el servicio público en la nación.
La organización deficiente del tránsito eleva los tiempos de desplazamiento y con ellos los costos operativos de los conductores y de las empresas locales.
El transporte de mercancías opera bajo las mismas rigideces y eso tiene un costo directo sobre la economía nacional y la competitividad del sector.
Cuando mover un producto es costoso las empresas pierden competitividad los precios al consumidor suben y la inversión extranjera se encarece mucho más.
La solución no es aumentar el gasto público en subsidios sino abrir el sector a la competencia real para beneficiar a todos los usuarios.
Es necesario reducir la carga impositiva sobre los combustibles y bajar las barreras de entrada para nuevos operadores en el mercado de transporte nacional.
El Estado debe establecer reglas del juego claras y transparentes en lugar de decidir quién participa en este sector vital para el desarrollo dominicano.
