lunes, junio 8

El economista Haivanjoe Ng Cortiñas advirtió que República Dominicana enfrenta un riesgo creciente de pérdida de soberanía fiscal, debido al peso que ejerce el servicio anual de la deuda sobre el presupuesto nacional. La alerta surge durante la presentación de su nuevo libro “El latido de la deuda pública: ¿Por qué el flujo importa más que el saldo?”, donde propone una nueva forma de medir la sostenibilidad fiscal del país.

Un enfoque que desplaza la mirada del saldo hacia el flujo

Ng Cortiñas explicó que el debate público suele concentrarse en el monto total de la deuda o en su relación con el PIB. Sin embargo, considera que el verdadero riesgo está en cuánto debe pagar el Estado cada año en capital e intereses, y cómo ese flujo condiciona las decisiones gubernamentales. “El peligro comienza cuando el servicio de la deuda empieza a gobernar a quienes gobiernan”, afirmó el economista.

IPFD y Brecha de Estrangulamiento Fiscal: dos nuevas herramientas

En su obra, introduce dos indicadores clave:

  • Indicador de Presión del Flujo de la Deuda (IPFD) — mide la intensidad con que el pago de la deuda absorbe los ingresos públicos.
  • Brecha de Estrangulamiento Fiscal — evalúa cuánto limita la deuda la capacidad real del Estado para decidir sobre su presupuesto.

Ambas herramientas buscan mostrar cómo una deuda aparentemente manejable puede convertirse en un obstáculo cuando el servicio crece más rápido que los ingresos fiscales.

La deuda como amenaza a la autonomía presupuestaria

Según Ng Cortiñas, cuando una proporción creciente del presupuesto se destina al pago de obligaciones financieras, el Estado pierde margen para invertir en áreas esenciales como:

  • salud
  • educación
  • infraestructura
  • seguridad
  • políticas sociales

Esto, afirma, constituye una amenaza directa a la soberanía fiscal, porque limita la capacidad del Gobierno para responder a las necesidades de la población y ejecutar proyectos de desarrollo.

Un llamado a replantear el análisis de la deuda pública

El economista insistió en que la sostenibilidad de la deuda no debe evaluarse solo por su tamaño, sino por su impacto real en el presupuesto. “La verdadera pregunta no es cuánto debe un país, sino cuánto puede pagar cada año sin sacrificar su capacidad de invertir y atender a la población”, señaló.

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