jueves, junio 18

Por: Oliver Roosevelt Sánchez Guillén

Existe una creencia muy arraigada en los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas que afirma que los temblores pequeños son beneficiosos porque liberan energía gradualmente, evitando así un terremoto mayor. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que esto es un mito. Los sismos menores no previenen un evento de gran magnitud; de hecho, en ocasiones pueden funcionar como sismos premonitores, es decir, como la antesala de un movimiento telúrico mucho más fuerte que está por ocurrir.

El error principal de este mito radica en que la energía sísmica no aumenta de forma lineal, sino exponencial. Cada vez que la magnitud de un sismo sube un número entero en la escala, la energía liberada se multiplica aproximadamente por 32. Para entenderlo mejor, un temblor de magnitud 5 es 32 veces más potente que uno de magnitud 4. Si subimos un poco más, un sismo de magnitud 7 libera más de 32.000 veces la energía de ese temblor de magnitud 4, y la diferencia se vuelve abismal al llegar a un terremoto de magnitud 8, cuya potencia es más de un millón de veces superior a la de uno de magnitud 4.

Esta escala exponencial demuestra que es matemáticamente imposible que los sismos pequeños «limpien» o descarguen por completo la energía de una zona. Por ejemplo, para liberar la energía equivalente a un solo temblor de magnitud 5, se necesitarían 32 sismos de magnitud 4 en el mismo lugar. Siguiendo esa misma lógica, para evitar un único terremoto de magnitud 8, tendrían que ocurrir más de un millón de temblores de magnitud 4, una frecuencia de eventos que simplemente no sucede en la naturaleza.

A esto se suma el hecho de que la energía no se acumula de forma generalizada en una región entera, sino de manera individual en cada falla geológica. Si en una zona existen tres fallas activas y una de ellas genera un fuerte sismo de magnitud 7.5, esa estructura en específico habrá liberado su tensión acumulada, pero las otras dos fallas vecinas mantendrán su potencial sísmico intacto. Por lo tanto, el riesgo de un gran terremoto en la región persistirá debido a las fallas que aún no se han fracturado.

Finalmente, la diferencia en el impacto físico sobre las fallas es enorme según la magnitud del evento. Mientras que un temblor de magnitud 4 suele fracturar apenas un kilómetro de la falla, los grandes terremotos de magnitud 8 pueden romper cientos de kilómetros. En una falla de 1.000 kilómetros de largo, la ocurrencia de sismos pequeños solo fractura zonas aisladas, lo que provoca que el resto de la estructura mantenga intacta su tensión y el peligro latente de un gran sismo.

El autor de este artículo es divulgador científico, articulista y comunicador especializado en meteorología y sismología. Residente en Santiago de los Caballeros.

Correo electrónico: infooliverroosevelt@gmail.com

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