Irán ha logrado sostener y modernizar su programa de drones gracias a una red de apoyo internacional donde China juega un papel decisivo, según múltiples informes recientes. La cooperación tecnológica entre Pekín y Teherán no solo fortalece la capacidad de ataque de Irán, sino que también alimenta la maquinaria bélica rusa en Ucrania y potencia los ataques contra bases estadounidenses en Medio Oriente.
China, proveedor clave de componentes para drones iraníes
Investigaciones periodísticas y análisis militares coinciden en que China se ha convertido en un eslabón central en la cadena de suministro que permite a Irán producir y mejorar los drones Shahed, utilizados masivamente por Rusia en Ucrania. Componentes como motores turbojet, servomotores, giroscopios y sistemas electrónicos han sido rastreados hasta empresas chinas, lo que ha permitido que los nuevos modelos alcancen velocidades de hasta 483 km/h, triplicando la capacidad de los drones tradicionales y dificultando su interceptación.
Rusia recibe drones iraníes… y también los mejora con tecnología china
La relación militar entre Moscú y Teherán se ha intensificado desde 2022. Rusia ha recibido drones Shahed para su guerra en Ucrania y, a cambio, ha enviado a Irán componentes, explosivos y asesoría táctica, además de compartir inteligencia para ataques contra posiciones estadounidenses. Este intercambio se potencia con la tecnología china, que facilita la producción y modernización de los drones que ambos países emplean en sus operaciones.
Ataques contra bases de EE.UU. con apoyo tecnológico chino
En paralelo, Irán ha incrementado la precisión de sus ataques contra bases estadounidenses en el Golfo. Análisis de seguridad señalan que imágenes satelitales de empresas chinas han ayudado a identificar posiciones sensibles, incluyendo sistemas Patriot y Thaad, utilizados para proteger instalaciones militares. Estos ataques han dejado muertos y decenas de heridos entre tropas estadounidenses, evidenciando una transformación en la capacidad ofensiva iraní.
China mantiene una postura “neutral”, pero su apoyo es estratégico
Aunque Pekín evita involucrarse directamente en el conflicto, mantiene una alianza histórica con Irán basada en comercio, energía y cooperación militar. China ha suministrado tecnología de doble uso, como sistemas de radar y navegación, y ha sido acusada de permitir que su sistema satelital BeiDou sea utilizado para dirigir ataques en la región. Su objetivo principal: proteger sus rutas energéticas y posicionarse como mediador regional, sin romper la relación con Teherán.
