Santiago, RD — 30 de abril de 2026. Cuba enfrenta nuevamente un escenario crítico: el crudo del petrolero ruso Anatoli Kolodkin, que logró eludir el bloqueo de Estados Unidos, ya se agotó, devolviendo al país al riesgo de apagones masivos y prolongados. La isla había experimentado un breve alivio desde finales de marzo, pero sin nuevos envíos confirmados, el sistema eléctrico vuelve a estar al límite.
Un respiro que duró menos de un mes
El buque ruso atracó el 31 de marzo en el puerto de Matanzas con 100.000 toneladas de crudo, suficientes para reducir temporalmente los apagones que afectaban hasta al 60 % del país. Durante dos semanas, los cortes bajaron a rangos entre 35 % y 45 %, especialmente en La Habana, donde antes superaban las 15 horas diarias.
Sin embargo, en varias provincias los cubanos siguieron denunciando interrupciones de 24 horas consecutivas, reflejando la fragilidad del sistema.
Un sistema eléctrico al borde del colapso
La crisis energética cubana no depende solo del bloqueo estadounidense. Según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), el 40 % de la generación depende de grandes grupos electrógenos que requieren diésel y fueloil importado, mientras que otro 40 % proviene de termoeléctricas deterioradas por décadas de falta de inversión.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O, advirtió que el suministro del Kolodkin solo alcanzaba hasta finales de abril, y que Cuba necesitaría ocho cargamentos similares cada mes para cubrir su demanda.
El segundo envío ruso sigue en duda
Aunque Rusia anunció un posible segundo cargamento, su llegada es incierta. El petrolero Universal, también sancionado, ha mostrado movimientos erráticos en el Atlántico Norte, lo que podría retrasar su arribo hasta finales de mayo.
Impacto económico y social
Cuba requiere 100.000 barriles diarios, pero solo produce 40.000. La caída de los envíos desde Venezuela y la falta de divisas agravan la crisis. Proyecciones internacionales estiman que el PIB cubano podría contraerse entre 6,5 % y 7,2 % este año, en un país que ya acumula más de 15 % de caída desde 2020.
La escasez de alimentos, medicinas e insumos básicos continúa profundizando el malestar social, mientras los apagones amenazan con volver a niveles extremos.
