El presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció este domingo 13 de julio que no autoriza que la investidura de su sucesor, Abelardo de la Espriella, se realice en una guarnición militar, como había solicitado el mandatario electo. Petro recordó que, hasta el 7 de agosto, él sigue siendo el comandante supremo de las Fuerzas Militares, por lo que los cuarteles permanecen bajo su mando.
“Ordeno que ningún establecimiento militar sirva para una posesión presidencial”, escribió Petro en su cuenta de X, insistiendo en que la Constitución establece que el jefe de Estado debe jurar ante el Congreso en Bogotá, como lo han hecho todos los presidentes anteriores.
De la Espriella quería jurar en una base militar para honrar a la Fuerza Pública
El presidente electo había expresado su intención de realizar la ceremonia en una unidad militar, incluso fuera de Bogotá, como gesto de reconocimiento a policías y soldados. Su equipo pidió al Congreso evaluar esa posibilidad, argumentando que sería un acto simbólico y austero.
Durante la campaña, De la Espriella mantuvo una relación cercana con el estamento militar, con discursos centrados en la autoridad, el orden y el lema “¡Firmes por la patria!”. Su propuesta, sin embargo, generó debate por los riesgos logísticos y de seguridad que implicaría trasladar a congresistas, jefes de Estado y autoridades a una guarnición militar.
Petro insiste: “En los cuarteles no se hacen leyes”
El mandatario saliente reiteró que la transmisión de mando debe respetar la institucionalidad:
“En los cuarteles no se hacen leyes, se hacen acciones de seguridad y defensa del pueblo y su vida”, afirmó Petro, subrayando que defenderá la Constitución “hasta el último día” de su mandato.
Petro también recordó que ningún oficial puede dar el saludo militar a un civil hasta que este se convierta oficialmente en su comandante supremo, lo que ocurrirá únicamente cuando De la Espriella jure ante el Congreso.
Un nuevo choque institucional a semanas del cambio de mando
La disputa por el lugar de la investidura se suma a la tensión política entre ambos líderes, marcada por el hecho de que Petro no ha reconocido la victoria electoral de De la Espriella y ha denunciado fraude sin presentar pruebas concluyentes.
Mientras tanto, el país se prepara para un 7 de agosto que promete ser atípico y altamente vigilado, con un presidente electo que busca marcar distancia desde el primer día y un mandatario saliente que insiste en que la ley no permite alterar el protocolo constitucional.
