En la última jornada de la cumbre del G7 en Évian, Francia, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a acaparar la atención con una frase irónica que marcó el tono del encuentro: “Soy el jefe”. Su comentario, lanzado al entrar tarde a la sesión de trabajo, reflejó el protagonismo que mantuvo durante una cita marcada por tensiones geopolíticas y su reciente acuerdo con Irán.
Trump llega tarde y rompe el hielo con una broma
La tercera y última jornada del G7 comenzó con retraso. Trump fue nuevamente uno de los últimos líderes en entrar a la sala del Hotel Royal de Évian, donde ya lo esperaban los demás jefes de Estado. Al cruzar la puerta, lanzó con tono serio pero irónico: “Soy el jefe”, provocando miradas y sonrisas discretas entre los presentes. Acto seguido, se quejó del calor en la sala, manteniendo el estilo desenfadado que lo caracterizó durante toda la cumbre.
Intercambio con la prensa antes de iniciar la sesión
Durante los minutos iniciales —los únicos que la prensa puede grabar— Trump continuó con su humor. Miró a las cámaras y dijo: “¿Queréis quedaros en la reunión? Por mí no hay problema”, antes de que el equipo de protocolo retirara a los periodistas. El mandatario tomó asiento a la derecha del presidente francés, Emmanuel Macron, como en sesiones anteriores.
Un encuentro centrado en la economía global
Líderes buscan un “crecimiento económico equilibrado”
La sesión de trabajo, que inició con una hora de retraso, se enfocó en la búsqueda de un crecimiento económico equilibrado. A la mesa se unieron la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, quienes aportaron análisis sobre los desafíos económicos globales.
El acuerdo con Irán marca la cumbre
La presencia de Trump estuvo atravesada por el reciente preacuerdo entre Estados Unidos e Irán, anunciado días antes, que busca poner fin a meses de hostilidades en Medio Oriente. Este pacto cambió el clima político de la cumbre y se convirtió en uno de los temas más comentados entre los líderes del G7.
El cierre del G7 dejó una imagen clara: Trump volvió a dominar la escena, incluso sin ser el anfitrión. Su estilo directo, sus bromas y su protagonismo marcaron una jornada en la que los líderes intentaron avanzar en temas económicos y geopolíticos en medio de un clima internacional tenso.
