lunes, mayo 18

El polvo del Sahara es una masa de partículas minerales que viaja desde el desierto africano hacia América, Europa y Asia, impulsada por las corrientes de viento de la Capa de Aire Sahariana. En la región del Caribe, este fenómeno alcanza su punto máximo durante los meses de junio, julio y agosto. Aunque su composición rica en elementos como cuarzo, fósforo y hierro puede desencadenar alergias y problemas respiratorios, también aporta grandes beneficios ecológicos: actúa como un fertilizante natural para suelos y vegetación, nutre los océanos y frena el desarrollo de ciclones tropicales.

Cada tres o cinco días, entre el final de la primavera y el inicio del otoño, África libera colosales masas de polvo a través de la Capa de Aire Sahariana (SAL, por sus siglas en inglés). Esta corriente de aire, sumamente seca y cargada de partículas, se origina sobre el desierto del Sahara y transporta cerca de 800 millones de toneladas de polvo al año, de las cuales unos 182 millones logran cruzar el océano Atlántico. Aunque es un ciclo regular, la naturaleza a veces rompe récords: en junio de 2020, una meganube de polvo bautizada como “Godzilla” recorrió miles de kilómetros, consolidándose como el fenómeno más intenso y masivo registrado en las últimas dos décadas.

Las colosales masas de polvo de la capa de aire sahariana que en ocasiones igualan en extensión al territorio continental de los Estados Unidos viajan suspendidas en una franja atmosférica de entre 3 y 4 kilómetros de espesor, cuya base se sitúa a 1.6 kilómetros del suelo y sus cumbres alcanzan alturas de hasta 6 kilómetros (20.000 pies). En su avance transatlántico desde el desierto del Sahara, este polvo tarda un promedio de 3 a 5 días en cruzar hasta la parte oriental del Caribe, y prolonga su recorrido entre 7 y 10 días para alcanzar regiones más distantes como Centroamérica, el golfo de México y los Estados Unidos.

La acumulación de polvo en la tropósfera (la capa atmosférica más baja) suele frenar el desarrollo de ciclones tropicales, ya que estas partículas introducen aire seco que estabiliza la atmósfera. Además, la Capa de Aire Sahariana a menudo interactúa con el Chorro Africano del Este, (una corriente de vientos que se desplaza entre los 40 y 90 km/h) a una altitud de 3 a 4 km. Esta mezcla provoca una fuerte cizalladura (un cambio brusco en la dirección y velocidad del viento a distintas alturas), lo que termina desestabilizando la estructura vertical de los sistemas ciclónicos.

Un análisis de muestras de polvo sahariano recolectadas en 2005 determinó que su composición mineralógica está dominada por silicatos (64%) y sulfatos (14%), seguidos por material carbonoso (9%), cuarzo (6%), partículas calcáreas (5%), y trazas de hollín y hematita (1% cada uno). Asimismo, se identificaron 17 elementos químicos en las partículas, entre los cuales destacan el sodio, manganeso, aluminio, silicio, hierro, cobalto, cobre, potasio y calcio. Adicionalmente, se constató que estas partículas sirven como vector de transporte a larga distancia para diversos hongos y bacterias.

El nivel de peligro que representan las partículas de polvo para la salud humana está determinado por su tamaño. El material particulado PM10 (partículas con tamaño de 10 micras o menos) suele quedar retenido en la nariz o la garganta. Sin embargo, las partículas PM2.5, al ser más finas, son capaces de penetrar profundamente en los pulmones e ingresar al torrente sanguíneo, lo que puede dañar el corazón y el cerebro. El mayor riesgo proviene de las PM0.1, partículas tan diminutas que pueden viajar directamente al cerebro a través del nervio olfativo.

Elaborado por: Oliver Roosevelt, divulgador científico, articulista y comunicador especializado en meteorología y sismología

Email: infooliverroosevelt@gmail.com

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